jueves, 24 de marzo de 2011

Sentí un impulso, lo seguí, a ciegas, sin preguntarme, relajada, dispuesta.




Llegué a aquel pequeño lugar de agua cuando el sol estaba en lo más alto y ardiente del día, filtrado sin embargo por la espesa vegetación, espejeando sobre el agua que corría hacia abajo con su eterna y cambiante música.

Andé sobre las piedras que producen el diminuto estanque, encontré un rincón y me senté. Metí los pies en el agua, me mojé las manos, la cara, el cuello, el pelo....

Después me integré en aquel espacio y sin saber como, lloré. Que lágrimas más suaves y preciosas las que brotaban de mi sin esfuerzo y se unían al pequeño torrente de líquido y emociones que seguía su incansable camino montaña abajo.

Lloré sin pena, sin rabia, sin miedo, sólo lloré, como si con cada gota vertida de mis ojos plenos abandonara un cachito de piel vieja.

Algo se fue, este juves, estoy mudando, algo que ya no servía, cuyo ciclo terminó, una parte de mi que ya no era, cuyos restos, cubriéndome como por inercia, sólo entorpecían mi vivir, me hacían sentir pesada y agotada.

Todo se desprendió de mi, sin ruido, sin dolor, sin angustia ninguna.

Hablé con mis angeles y demonios, pedí, desterré, admití, busqué bajo mi piel y di con los lugares, las personas, las palabras. Se lo conté todo a los seres que pueblan los mágicos lugares de agua ,de paz.....

Ahora se que ese es mi lugar, donde verter, donde brotar, donde estar en comunión, donde sentir, donde escuchar, donde decir desde lo más hondo de mi, donde esperar, donde empaparme de calma, donde lavar mis heridas y cubrirme de polvo de oro y reflejos de sol en el río para volver nueva, limpia, fuerte, hermosa.
Feliz, fuerte contigo o sin ti

No hay comentarios: