viernes, 25 de marzo de 2011

No me queda nada



Recorrí el universo, los ríos y los cienos, el mar y la luna,
elevando mis alas rotas, con destinos áureos sin camino,
destiné mis sombras a la soledad del alba, ¡y tú tan solo!
Y encontré en tu puerta, la triste despedida y hoy día,
Me entrego a esta indescifrable agonía del alma.

Me entrego a tu orgullo de hombre fuerte, y soñador,
¡Mataste mis sueños! ¡Has cegado mi fe! con tus palabras,
– Cómo olvidarte- no sé, pero seguiré mi vuelo nocturno,
Portando sobre mi vientre esa rosa escarlata sangrada,
que dejaste florecer… sobre tu pecho y en mi ser.

He sigo ingenua, -me parezco a la violeta, inmutable,
entristecida y oculta, dentro de sus hojas cegadas;
me parezco a una pértiga, que lleva en su vértice
el ardor de una queja, y la sangre de un alma impía.

Me detengo. Miro tus vuelos sobre otras alas doradas,
Te veo recorrer bajo las sombras de tus otoños, tan solo.
Besando cada labio que se asoman a tu ventana blanca,
desvistiendo a cada rosa, con tus halagadores palabras.

Te queda a ti la duda, ¡Quién ha mentido más, amor!
Si fue mi loca huida por este mundo ajeno, descalza yo,
si fueron tus palabras que traicionaron a tu eternidad,
o fueron simplemente, el amor ardiente de los dos.

Te queda la duda, me quedan tus argucias infectas, las que
llevo en mi cabeza, cuando me jurabas en secreto.
Llevo en mi alma tu recuerdo y tu imagen perfecta,
porque a partir de este instante, ya no existiré para tu boca.

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