miércoles, 25 de febrero de 2009

sienteme


Caminaba por una sinuosa vereda, alcornoques centenarios, fresnos y madroños, levantaban paredes oscuras.
Las voces de mis amigos con risas y bromas cortaban el velo del silencio.
Sobre una piedra, contemplé la muerte del día, que silenciosamente se llevaba los últimos rayos de sol. Las sombras del entorno, creaban formas tenebrosas. Estar acompañada, borraba cualquier atisbo de miedo, que la negritud de la noche pudiera causarme.
Cerré los ojos y aspiré el aroma de la naturaleza, que perfumaba mi cuerpo.

El ruido del agua mojaba mis oídos, su olor me envolvía. El ronroneo, de una pequeña catarata, presidía el murmullo de la noche.
El canto de un pájaro, me sacó de mi ensimismamiento. Su melodía acariciaba mi cabeza y armonizaba mi corazón errante. Nunca había oído tan exquisito trino. Su fuerza calaba en mí, haciendo brotar un sentimiento de pureza.
Su canto, limpiaba mi cuerpo por dentro, ensanchando mis fronteras, sentía que tocaba algo sagrado. Vivencié que crecía por dentro.

Fue una experiencia inusual, mágica, que me hizo concebir, otras formas de percibir mi mundo.
Pureza y perfección, me regaló ese pequeño ruiseñor.

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